CUATRO ESTACIONES CUATRO RAZONES PARA VOLVER A LIEBANA

 

Siempre hay motivos para volver a Liébana, en los meses otoñales, tiempo de recolectar los frutos, tiempo de la vendimia, el paisaje se tiñe de espectaculares colores amarillos ocres, es un motivo especial para pasear por los bosques,  recoger las castañas las nueces o las avellanas, también en los días primeros de noviembre se celebra la feria de año en Potes, el segundo fin de semana de noviembre la fiesta del orujo, siempre hay cosas que hacer o ver en Liébana en esta época, también muy cerca de los apartamentos Los Picos de Redo para los mas aventureros pueden hacer escala en la reciente vía Ferrata de Los Llanos.

 

En el invierno empiezan a llegar la nieve, el paisaje cambia totalmente, y aunque parezca que es tiempo de no salir, en Picos de Europa se pueden hacer actividades, por  ejemplo pasear por los picos en raquetas de nieve, observando el paisaje y escuchar el silencio de la nieve o hacer esquí de montaña, y después de una ruta de este tipo degustar un cocido lebaniego es una autentica delicia, en los meses de enero tenemos varias fiestas populares en varios pueblos  de Camaleño

El invierno se despide con el carnaval del pueblo de Piasca, y empieza la primavera.

 

En la primavera la naturaleza se muestra en todo su esplendor, es el momento de hacer senderismo por los bosques pasear en bicicleta de montaña visitar los pueblos de montaña, conversar con sus habitantes, hacer actividades de turismo activo, el descenso de los ríos en canoa o el descenso de barrancos aprovechando el caudal por el deshielo, es una autentica aventura

 

El verano es el mejor momento para subir a los Picos de Europa, los días mas largos las temperaturas muy agradables y disfrutar de la espectacularidad de las montañas y de las praderías de alta montaña que son son una delicia, senderismo, escalada, rutas en 4×4, en bicicleta cualquier manera es agradable para conocer Picos… Aliva, Horcados Rojos, Coriscao, Peña Sagra, Pico Jano, Peña Remoña etc, es la época en la que mas se disfruta de los Picos, las fiestas populares de los pueblos, es otro encanto de Liébana que merece conocerse.

 

Y en cualquiera de las estaciones se puede disfrutar de nuestra gastronomía, de nuestras costumbres tanto religiosas o culturales, o de nuestros museos o de nuestra arquitectura rural o religiosa…Centro de visitantes del Parque Nacional Picos de Europa en Tama La Casa de la Naturaleza en Pesaguero, Casa de las Doñas en Vega de Liébana, Casa del Oso en Camaleño o el Monasterio de Santo Toribio…

 

Siempre hay razones y excusas para volver a Liébana

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UN PASEO POR LOS CASTAÑOS DE LIEBANA

En el otoño el paisaje cambia de manera espectacular, los bosques se tiñen de colores ocres, es el momento de la recogida de frutos, y el  de la vendimia, festejamos la fiesta del orujo.

Propongo la ruta de los castaños, ver y conocer los ejemplares de castaños más espectaculares y longevos de Cantabria, en Liébana tenemos ejemplares singulares, por ejemplo:

 La Narezona”,  castaño que esta situado  el barrio Casillas,  Ojedo, subiendo hacia la ermita de San Tirso. Tiene once metros y medio de altura y más de trece de perímetro en su base.

El Abuelo tiene  25 metros de altura, y14 metros de perímetro en su base, esta ubicado  en la castañera del Monte Canales, en La Parte,  Pesaguero y su estado de conservación  es muy bueno esperemos que siga viviendo muchos años mas

Los castaños de Pollayo: Son un par  ejemplares, que se encuentran bien conservados, están en el pueblo  de Vega de Liébana, a pocos metros dela carretera. Tienen una altura aproximada de 22 y23 metros y algo más de doce metros de circunferencia.

Los castaños de Pendes, subiendo al pueblo de Pendes, junto a la carretera hay una zona recreativa con  un conjunto de castaños centenarios con unas vista muy bonitas, el lugar se llama  El Habario.

Por último, también en el Monte Canales, en el pueblo de  Laparte, Pesaguero existe otro ejemplar singular, con16 metros  de altura y algo más de cinco metros  de perímetro en buen estado de conservación

A recoger castañas un motivo mas para visitar Liebana

 

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RECORDANDO A JOSE MARIA DE PEREDA

De esta manera tan maravillosa nos descrive Jose Maria de Pereda el paisaje de  Cantabria, creo que este fragmento de la novela PEÑAS ARRIBA  aun tiene vigencia

 

 

“Al fin llegamos arriba, yo por milagro de Dios, siguiendo gateo a gateo los de Don Sabas; pero muerto de cansancio y empapado de sudor.
- Reposa unos momentos -me dijo el cura allí-; pero con los ojos cerrados, ¡y cuidado con abrirlos hasta que yo mande!

Más por necesidad que por obediencia, cumplí al pie de la letra el mandato de don Sabas. Estuve largo rato tumbado en el suelo, boca arriba y con ambas manos sobre los ojos, porque solo así encontraba el absoluto descanso que me era indispensable entonces. Sentía fuertes latidos en el corazón, que repercutían en las sienes, y al vivo compás de este golpeteo funcionaban mis pulmones.

Cuando uno y los otros volvieron a su ritmo sosegado y normal, llamé a don Sabas y me puse a sus ordenes. Estaba muy cerca de mí, encaramado en una peña en la actitud de costumbre y empezando a embriagarse por los ojos, y no sin motivo ciertamente.

-Arrímate un poco acá -me dijo desde su pedestal calizo con manchones de musgos y poco más alto que yo-. Arrimate, contempla… ¡y pásmate Marcelo!

Habíamos subido por el Oeste de la montaña, que es el lado por donde las hay mayores que ella, y el panorama con que me brindaba el cura se veía por las otras vertientes; es decir, que era cosa nueva para mí y recién aparecida ante mis ojos. Particularmente hacie el Este y hacia el Norte parecía no tener límites a mi vista, poco avezada a estimar espectáculos de la magnitud de aquél; y era de una originalidad tan sorprendete y extraña, que no acertaba a darme cuenta cabal ni de su naturaleza ni de su argumento. Por el Sur se dominaba el hermoso valle de Campoo, ya en otra ocasión visto y admirado por mí; en la misma dirección y más lejos, los tonos pardos de la tierra castellana; más cerca, el Puerto de marras con sus monolitos descarnados y su soledad desconsoladora. Al Oeste, y asombrándolo todo con sus moles, Peña Sagra y los Picos de Europa separados por el Deva, cuya profunda y maravillosa garganta se distinguía fácilmente en muchos de sus caprichosos escarceos entre los peñascos inaccesibles y fantásticos de una y otra ribera; y más allá del Deva, en sus valles bajos, según iba informándome don Sabas con el laconismo y el modo con que señala el maestro de escuela con una caña en un cartel las sílabas a sus educandos, una buena parte de la provincia de Asturias.

Pero lo verdaderamente admirable y maravilloso de aquel inmenso panorama era cuanto abarcaban los ojos por el Norte y por el Este. En lo más lejano de él, pero muy lejano, y como si fuera el comienzo de lo infinito, una faja azul recortando el horizonte: aquella faja era el mar, el mar Cantábrico; hacia su último tercio, por la derecha, y unida a él como una rama al tronco de que se nutre, otra mancha menos azul, algo blanquecina, que se internaba en la tierra y formaba en ella como un lago: la Bahía de Santander. Pero es el caso (y aquí estaba la verdadera originalidad del cuadro, lo que más me desorientaba en él y me sorprendía) que la faja azul se presentaba a mis ojos mucho más elevada que el perfil de la costa, y que con ella se fundían otras mucho más blancas que iban extendiéndose y prolongándose hacia nosotros, quedando entre la mayor parte de ellas islotes de las más extrañas formas; picos y hasta cordilleras que parecían surgir de una repentina inundación.”

 

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